Sexting: el placer de los chats calientes

Cada vez más personas practican el Sexting tanto con su pareja como con desconocidos, especialmente con la proliferación de numerosos chats eróticos y aplicaciones que pueden proporcionar este tipo de servicio.

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En el lenguaje de hoy, las palabras nuevas se agregan continuamente y entre estas últimas, sin duda, aparece la palabra “Sexting”, que deriva de la combinación de las palabras en inglés Sex (sexo) y Texting (acción de enviar mensajes de texto).

El placer de enviar mensajes eróticos, tal vez en un momento durante el día en el que nos encontramos atrapados en una reunión de negocios aburrida, o en casa frente a la televisión, demuestra ser un estímulo interesante que causa un aumento de la dopamina.

Cada vez más personas, principalmente entre los jóvenes, lo practican tanto con su pareja como con desconocidos, especialmente con la proliferación de numerosos chats eróticos y aplicaciones que pueden proporcionar este tipo de servicio.

Sexting

Algunas mujeres entrevistadas dijeron que hicieron sexting, incluso con un promedio de 5 a 10 veces al día, incluso con hombres que nunca han visto y que tal vez nunca verán, pero que se sintieron complacidas al sentirse mentalmente estimuladas mediante un juego mental y frases eróticas, que las hizo redescubrir su sexualidad y su placer físico.

Estas mujeres dicen que están en una etapa de su vida en la que no tenían un compañero y por esto no se sentían atractivas, han empezado a participar a estas charlas y a sentirse bien de inmediato, no sólo porque han conocido a personas con características similares a las que ya conocían, sino también por la libertad de manejar relaciones ocasionales y no ocasionales.

Para los hombres, se sabe que el placer visual es el más importante para ponerlos en el “estado de ánimo” adecuado y estimularlos, pero usando estos chats el hombre se encontró a sí mismo en busca de nuevas maneras de tener y de hacer sentir placer, esto también significa usar de una forma más elegante y al mismo tiempo mucho más provocativa ciertas palabras relacionadas con la esfera sexual. Los hombres que se inscriben en los chats eróticos pertenecen a todas las categorías sociales y tienen completamente diferentes patrones entre sí, pero conocer a una extraña con quien pasar horas agradables y dar rienda suelta a cualquier orientación sexual, sigue siendo un elemento básico en todas estas variables de los hábitos de vida.

Sexting en línea: encontrar una pareja

Sexting: muchas fotos de chicas y chicos. El uso de la tecnología para estimular una relación ha permitido la proliferación de sitios que permiten elegir una pareja en su propia ciudad. Las reglas son simples, aunque no todo el mundo las respeta: eliges a una persona y comienzas una conversación que muy pronto se encenderá con tonos más calientes y explícitos.

En estos tiempos modernos, la prisa de la vida le quitó el placer de conversar con los demás, y la vergüenza de las convenciones sociales o situaciones potencialmente embarazosas ha llevado a muchas personas a refugiarse en una realidad virtual donde realmente se sienten seguras y donde pueden vivir esas fantasías solo posibles en una realidad casi onírica.

Chica en un chat erótico

Sin embargo, el punto más agradable debe atribuirse a las mujeres, que están recuperando la libertad de sentirse cómodas para hablar sobre temas como el sexo, sin sentirse juzgadas o equivocadas. Muchas mujeres, como los hombres, tienen trabajos estresantes, una familia a la que cuidar, afectos a los que prestar atención y, a menudo, pueden encontrarse frente a una valla publicitaria con una hermosa (y photoshopeadísima) modelo, sin saber cómo reaccionar, no entienden por qué no se sienten sexys como ellas y en ocasiones, incluso renuncian a hacer avances con su pareja o esposo porque temen un posible fracaso.

Estas charlas y sexting permiten en cambio estimular la mente, incluso comprar algunos libros en los que nunca se había pensado, sentirse bien en su cuerpo porque hay una reacción positiva inmediata por parte de la pareja. Se crea una complicidad que luego se mantendrá fuera del sexo.