El nacimiento del sadomasoquismo

Continuamos nuestro viaje al mundo del BDSM: el origen de las prácticas eróticas sadomasoquistas tal y como las conocemos hoy en día.

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Continuamos nuestro viaje al mundo del BDSM: después de haber visto algunos elementos del sadomasoquismo que se remontan a la antigüedad, ahora veremos el origen de las prácticas eróticas sadomasoquistas tal y como las conocemos hoy en día.

Desde el punto de vista etimológico el término sadomasoquismo (unión de sadismo y masoquismo) proviene del encuentro de los apellidos de dos ilustres personalidades que fueron en todos los efectos los precursores; se trata obviamente del marqués De Sade y de Leopold von Sacher-Masoch.

Sadismo; toma su nombre del escritor y revolucionario francés, cuyas novelas se caracterizaban por narraciones de extrema crueldad sexual. Masoquismo; se debe al escritor y periodista austriaco Sacher-Masoch cuya composición autobiográfica más conocida “Venus en pelaje” cuenta la historia de un novelista que firma un contrato de esclavitud con una mujer hermosa e igualmente cruel, sólo para terminar siendo él mismo objeto de las atenciones morbosas y brutales de su amante. Un escrito por lo tanto ciertamente más contemporáneo y más cercano a la definición actual de sadomasoquismo.

Pero la consagración de este neologismo tiene una larga y aventurada gestación que se remonta a mediados del siglo XIX, al comienzo de la psicología moderna.

Una ilustración de un libro del Marqués de Sade

El médico alemán Richard von Krafft-Ebing identificó el sadismo y el masoquismo como “anomalías sexuales”, distintas pero sin embargo relacionadas, afirmando que el sadismo es “la experiencia de sensaciones sexuales placenteras (incluido el orgasmo) producida por actos de crueldad, castigos corporales infligidos a la propia persona o en presencia de otros (…) También puede consistir en un deseo innato de humillar, herir, lesionar o incluso destruir emocionalmente a otros con el fin de obtener el propio disfrute sexual”. Un signo distintivo del masoquismo no es tanto, según Krafft-Ebing, la relación particular entre el placer y el dolor como el mecanismo de sumisión y la esclavitud aceptada. Pero si el término sadismo ya había aparecido en varios textos, fue el mismo Krafft-Ebing quien acuñó la palabra masoquismo mientras Sacher-Masoc aún vivía, un uso que el escritor no aprobaba para nada.

Se dio un paso adelante en la definición moderna del sadomasoquismo gracias al psiquiatra inglés Henry H. Ellis que utilizó la palabra Algolagnia (del griego “àlgos” dolor y “lagneia” voluptuosidad) en sus estudios, para dar una definición del placer erótico que se obtiene junto con el dolor físico (tanto infligido como inmediato), definiendo los dos estados emocionales como complementarios y no opuestos.

En esencia, el anverso y el reverso de una hoja de papel, las dos caras de la misma moneda. El elogio de H. Ellis fue sin duda para dar al proto-sadomasoquismo una imagen no estrictamente patológica, pero casi tolerable en ciertos contextos relacionales (por ejemplo, dentro de una pareja).

Si ambos términos estaban ahora estrechamente relacionados, fue el antropólogo estadounidense Paul Gebhard quien dio el golpe decisivo a la canonización del lema: gracias a sus estudios pudo localizar el origen de las dos prácticas, no sólo en todas las relaciones de dominio y sumisión implantadas en la sociedad contemporánea, sino también en la agresividad instintiva inherente a todo ser humano.